La mayor tragedia radiactiva en la historia de México
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Cuando se habla de accidentes radiactivos, la mayoría piensa en Chernóbil. Sin embargo, pocos saben que México vivió su propia tragedia años antes, en un episodio tan grave que con el tiempo fue bautizado como el "Chernóbil mexicano".
Todo comenzó en diciembre de 1983 en Ciudad Juárez, Chihuahua. Seis años antes, un hospital privado había adquirido una máquina de radioterapia con una fuente de cobalto-60, un material altamente radiactivo utilizado para tratar el cáncer. El equipo nunca entró en funcionamiento porque el hospital no contaba con personal capacitado para operarlo, por lo que permaneció abandonado en una bodega.
El desastre ocurrió cuando un trabajador de mantenimiento retiró la máquina para venderla como chatarra. Al desmontarla perforó accidentalmente el cilindro que contenía alrededor de 6,000 pequeñas cápsulas de cobalto-60, liberando el material radiactivo sin saber el enorme peligro que representaba. La camioneta en la que transportó la máquina quedó contaminada y permaneció estacionada durante aproximadamente 40 días en una colonia habitacional, exponiendo sin saberlo a vecinos, niños y transeúntes.
La historia empeoró cuando la chatarra fue vendida a un yonke y posteriormente enviada a una empresa acerera. Allí el metal contaminado se fundió junto con acero convencional para fabricar cerca de seis mil toneladas de varilla de construcción, además de miles de bases metálicas para muebles. Ese material fue distribuido en 15 estados de México e incluso exportado a Estados Unidos. Durante semanas, miles de personas convivieron con productos contaminados sin tener idea del riesgo.
Paradójicamente, el accidente fue descubierto gracias a Estados Unidos. En enero de 1984, un camión cargado con varilla cruzó cerca del Laboratorio Nacional de Los Álamos, en Nuevo México, donde detectores de radiación activaron las alarmas. La investigación internacional permitió rastrear el origen de la contaminación hasta Ciudad Juárez, desencadenando uno de los operativos de descontaminación más grandes realizados en México.
Las consecuencias fueron enormes. Las investigaciones estiman que alrededor de 4,000 personas estuvieron expuestas a distintos niveles de radiación, mientras que varios trabajadores recibieron dosis extremadamente altas. Algunos presentaron pérdida de cabello, quemaduras, lesiones en la piel, alteraciones en la médula ósea, infertilidad y un mayor riesgo de desarrollar cáncer. También se documentó la muerte de trabajadores que manipularon directamente el material radiactivo.
Las afectaciones no terminaron ahí. Cientos de viviendas construidas con varilla contaminada tuvieron que ser localizadas mediante detectores de radiación. Más de 800 edificios fueron demolidos, mientras que miles de toneladas de acero contaminado fueron recuperadas y confinadas en depósitos especiales para evitar que siguieran representando un peligro para la población. En total, se enterraron decenas de miles de toneladas de residuos radiactivos.
Aunque el accidente nunca alcanzó la magnitud del ocurrido en la central nuclear de Chernóbil en 1986, ambos comparten un elemento en común: demostraron cómo un error humano, la falta de controles de seguridad y el manejo inadecuado de materiales radiactivos pueden desencadenar consecuencias que perduran durante décadas.




