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El redescubrimiento del Templo Mayor

En 1978, el corazón de la Ciudad de México reveló uno de los hallazgos arqueológicos más importantes del país: el Templo Mayor, el centro religioso de la antigua Tenochtitlan. Durante siglos, esta construcción mexica permaneció oculta bajo edificios coloniales tras la caída del imperio mexica en 1521.

El descubrimiento ocurrió de manera accidental cuando trabajadores de la Compañía de Luz y Fuerza realizaban excavaciones en la calle Guatemala, a un costado de la Catedral Metropolitana. En su labor, encontraron un enorme monolito circular: la imponente escultura de Coyolxauhqui, diosa de la luna. Este hallazgo confirmó que bajo el concreto de la ciudad moderna se encontraba el recinto sagrado más importante del mundo mexica.


A raíz del descubrimiento, el gobierno mexicano emprendió el Proyecto Templo Mayor (1978–1982), dirigido por el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma. Las excavaciones permitieron recuperar vestigios fundamentales: altares, plataformas, ofrendas, esculturas y evidencias de al menos siete etapas constructivas sobrepuestas del templo principal dedicado a Huitzilopochtli y Tláloc.


Gracias a este proyecto, se recuperaron miles de piezas ceremoniales que aportaron nueva información sobre la cosmovisión mexica. En 1987, el sitio arqueológico y el Museo del Templo Mayor abrieron sus puertas al público, permitiendo que visitantes de todo el mundo admiraran este legado enterrado durante más de cuatro siglos.

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