El mexicano que ayudó a salvar la capa de ozono
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En 1974, el químico mexicano Mario Molina, junto con el científico F. Sherwood Rowland, demostró que ciertos compuestos químicos conocidos como clorofluorocarbonos (CFC) utilizados en aerosoles, refrigeradores y sistemas de aire acondicionado podían destruir la Capa de ozono, la cual protege a la Tierra de la radiación ultravioleta del Sol.
Su investigación reveló que estos gases, al llegar a la atmósfera superior, liberan átomos de cloro que descomponen las moléculas de ozono, debilitando esta capa protectora y aumentando el riesgo de cáncer de piel, cataratas y daños a los ecosistemas.
En un principio, el descubrimiento fue muy polémico porque implicaba cambiar industrias completas. Sin embargo, con el tiempo la evidencia científica confirmó sus hallazgos. Gracias a este trabajo, se impulsaron acuerdos internacionales como el Protocolo de Montreal, firmado en 1987 para eliminar progresivamente los CFC.
Por esta contribución crucial a la ciencia y al medio ambiente, Mario Molina recibió en 1995 el Premio Nobel de Química, convirtiéndose en uno de los científicos mexicanos más reconocidos del mundo.





